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OR HASHABAT Noaj

Editorial Or LeIsrael October 12, 2026
OR HASHABAT Noaj

BOLETIN OR HASHABAT
Ilumina tú Shabat con esta increíble expliación sobre cada paso del Shabat,
La parashá y La Haftara.


CONTENIDO DE LA PARASHÁ

Nuestra parashá comienza describiendo a la generación del Diluvio: todos sus integrantes estaban corrompidos, con una excepción: Nóaj, el justo. Hashem decide traer un diluvio sobre el mundo y destruirlo. Le ordena a Nóaj construir un arca e introducir en ella cierta cantidad de animales de cada especie. El Diluvio arrasa con todo; únicamente se salvan quienes se encuentran dentro del arca, y a partir de ellos vuelve a poblarse el mundo. Más adelante, los seres humanos construyen una torre para luchar contra Hashem, y Él los dispersa por todos los rincones de la tierra. En nuestra parashá también nacen Abram y Sarai y se casan, aunque por el momento no tienen hijos.


UNA ENSEÑANZA PARA LA MESA DE SHABAT

«La tierra se corrompió ante Dios y se llenó de robo» (Bereshit 6:11).

La Torá describe la época del Diluvio como un tiempo de «corrupción» y «jamás». ¿Qué significa jamás? ¿Y qué comprende la «corrupción»? Rashí explica que jamás significa robo, mientras que la «corrupción» incluye las relaciones íntimas prohibidas y la idolatría. La generación del Diluvio estaba, por lo tanto, corrompida por tres graves transgresiones: las relaciones prohibidas, la idolatría y el robo. En esas condiciones, no era posible seguir manteniendo el mundo. Por estas tres transgresiones, Hashem trajo el Diluvio, que arrasó con toda la creación. Sin embargo, dos versículos después, la Torá presenta la explicación de Hashem sobre el motivo del Diluvio: «Dios le dijo a Nóaj: “El fin de todo ser viviente ha llegado ante Mí, porque la tierra se ha llenado de robo por causa de ellos. Por eso, voy a destruirlos junto con la tierra”» (Bereshit 6:13). Aquí el versículo destaca una sola transgresión como causa del Diluvio: el robo. ¿Qué ocurre con las relaciones prohibidas y la idolatría? ¿Por qué no las menciona también como motivo, tal como lo hizo al comienzo? ¿Por qué no fueron castigados primero en sus bienes? Los comentaristas plantean otra pregunta.

Nuestros Sabios enseñaron en el Midrash que, cuando una persona comete pecados graves cuyo castigo es la muerte a manos del Cielo, Hashem comienza por imponerle un castigo más leve: afecta sus bienes una y otra vez. Si esto no da resultado y la persona continúa con su mala conducta, solo entonces le aplica el castigo más severo. Según esto, antes de traer el Diluvio para borrar toda forma de vida sobre la tierra, primero deberían haberse visto afectados sus bienes y, únicamente después, sus vidas. ¿Por qué, entonces, llegó directamente el Diluvio que les causó la muerte? La respuesta es que, si aquella generación hubiera respetado la prohibición de robar y los bienes que poseía le hubieran pertenecido legítimamente, habría sido posible afectar primero sus posesiones, comenzando con un castigo más leve.

Pero como los bienes que tenían no eran suyos, sino robados, no era posible castigarlos primero en sus propios bienes. Por eso, el segundo versículo menciona únicamente el pecado del robo. Su propósito es explicar por qué Hashem no afectó primero sus posesiones y después sus personas: «Porque la tierra se ha llenado de robo por causa de ellos. Por eso, voy a destruirlos junto con la tierra».

Debido al robo que habían cometido, no era posible comenzar por una pérdida de sus bienes. Por eso llegó directamente el Diluvio, que acabó con sus vidas. Aun así, antes del Diluvio se les concedieron ciento veinte años para hacer teshuvá, pero no se arrepintieron.


HAFTARÁ

Yeshayahu (Isaías), 54:1–10

En las comunidades ashkenazíes: 54:1–55:5.

Contexto histórico

Muchos años antes de la destrucción del primer Bet Hamikdash, los profetas advertían al pueblo de Israel sobre las consecuencias de alejarse de Hashem. Lo llamaban a hacer teshuvá y le recordaban que ninguna fuerza militar, riqueza o alianza política podría protegerlo si abandonaba el camino de la Torá. El profeta Yeshayahu fue uno de quienes transmitieron estas advertencias. Sin embargo, sus profecías no hablaban únicamente de castigo y destrucción. También anunciaban algo que parecía imposible en medio de tanto sufrimiento: la futura redención de Israel.

Resumen de la haftará

¿Cómo se puede devolver la esperanza a un pueblo que ha perdido su tierra, su Bet Hamikdash y todo aquello que le daba seguridad? Con una extraordinaria promesa de consuelo, el profeta Yeshayahu anuncia que el sufrimiento del exilio no será eterno y que llegará el día en que Jerusalén volverá a llenarse de vida y alegría. La profecía comienza con unas palabras sorprendentes: «¡Canta de alegría, mujer estéril que no has dado a luz! ¡Estalla en cantos y júbilo, tú que no has tenido dolores de parto!». Yeshayahu compara a Jerusalén con una mujer que ha pasado largos años sin tener hijos. Después de tanto dolor y soledad, recibe la noticia de que tendrá una descendencia numerosa. ¡Qué inmensa debe ser su alegría! Así ocurrirá con Jerusalén. Aunque sus calles hayan quedado desiertas y sus hijos hayan sido dispersados por el mundo, llegará el momento en que regresarán a ella. Y serán tantos que la ciudad deberá prepararse para recibirlos: «Amplía el espacio de tu tienda; que se extiendan las cortinas de tus moradas, no escatimes…

orque te extenderás hacia la derecha y hacia la izquierda». La imagen es conmovedora: la misma Jerusalén que había quedado abandonada tendrá que ensanchar sus límites para dar cabida a todos sus hijos. Pero el consuelo de Hashem va mucho más allá de la promesa de regresar a la tierra de Israel. Durante el exilio, el pueblo podría llegar a sentir que Hashem lo ha abandonado. Por eso, el profeta transmite Sus palabras:

«En un arrebato de ira, oculté Mi rostro de ti por un momento; pero con bondad eterna tendré compasión de ti, dice Hashem, tu Redentor». El sufrimiento, por más largo y doloroso que parezca, es presentado como un momento pasajero frente a la eternidad de la misericordia divina. Y para que el pueblo de Israel no tenga ninguna duda de esta promesa, Hashem la compara con uno de los juramentos más importantes de la historia: el que hizo después del Diluvio. «Así como juré que las aguas de Nóaj no volverían a pasar sobre la tierra, también he jurado no enojarme contigo ni reprenderte». Así como Hashem prometió a Nóaj que nunca volvería a destruir el mundo mediante un diluvio, también asegura que, después de la redención definitiva, Su pacto de paz con Israel permanecerá ir para siempre.

La haftará concluye con una de las promesas más hermosas de la profecía:

«Aunque las montañas se aparten y las colinas se tambaleen, Mi bondad no se apartará de ti y Mi pacto de paz no se quebrantará, dice Hashem, quien tiene compasión de ti».

Incluso aquello que parece más firme y permanente puede desaparecer. Pero la bondad de Hashem hacia Su pueblo y Su compromiso con él son eternos.

Relación con la parashá

En Parashat Nóaj leemos cómo, después del Diluvio, Hashem prometió que nunca volvería a destruir el mundo mediante las aguas. En nuestra haftará, Yeshayahu recuerda precisamente ese juramento para transmitir una promesa aún más profunda: así como Hashem mantiene Su compromiso con la existencia del mundo, también mantendrá eternamente Su pacto de paz con el pueblo de Israel. Por esta razón, nuestros Sabios establecieron la lectura de esta haftará en Shabat Nóaj.


CONECTÁNDONOS CON EL SHABAT

El secreto espiritual de la noche del jueves ¿Sabías que la preparación para recibir la santidad del Shabat puede comenzar desde la noche del jueves?

Aunque todavía falten varias horas para su llegada, nuestros Sabios y los maestros de la Kabalá nos enseñan que esta noche, conocida en hebreo como leil shishí, tiene un valor espiritual muy especial. Es un momento propicio para preparar y purificar nuestra alma, de manera que podamos recibir dignamente la santidad del séptimo día y la neshamá yeterá, el alma adicional que se nos concede en Shabat. Pero ¿qué hace que esta noche sea tan especial?

Una noche en la que el estudio adquiere un valor extraordinario

A lo largo de las generaciones, muchos judíos han acostumbrado dedicar la noche del jueves a estudiar más Torá de lo habitual. Algunos incluso permanecían despiertos estudiando hasta el amanecer. Esta costumbre no es casual. Según las enseñanzas de los maestros de la Kabalá, el estudio realizado durante estas horas posee virtudes espirituales especiales, capaces de contribuir a la purificación y reparación del alma. Entre ellas se destacan tres.

Reparar nuestras faltas. Los maestros de la Kabalá enseñan que el estudio de esta noche tiene una virtud particular como parte del proceso de teshuvá y reparación de transgresiones graves, incluso aquellas relacionadas con el karet, así como las faltas contra la santidad del pacto, conocidas como pegam haberit. Estas enseñanzas nos recuerdan que, por graves que hayan sido nuestros errores, siempre debemos esforzarnos por regresar a Hashem y reparar aquello que hemos dañado.

Elevar las almas de quienes ya partieron. Otra virtud especial que se atribuye a este estudio es su capacidad de beneficiar a las almas de los fallecidos.

Según estas enseñanzas, cuando dedicamos el mérito de nuestro estudio a la elevación de un alma, podemos contribuir a su reparación espiritual y ayudarla a alcanzar niveles más elevados.

Reparar el pecado de Adam. Los maestros de la Kabalá también relacionan el estudio de esta noche con la reparación del pecado cometido por Adam al comer del fruto del Árbol del Conocimiento. Nuestros Sabios enseñan que todas las almas estaban incluidas en Adam. Por eso, su transgresión tuvo consecuencias que alcanzaron a las generaciones posteriores, y cada uno de nosotros tiene una parte en el proceso de reparación espiritual. Dentro de estas enseñanzas, también se atribuye a las mitzvot del encendido de las velas y la separación de jalá una función especial en la reparación que corresponde a la mujer. Sobre este tema profundizaremos, con ayuda de Hashem, en una próxima edición.

Una oportunidad que podemos aprovechar cada semana Lo más hermoso de estas enseñanzas es que nos muestran que no necesitamos esperar hasta el viernes por la tarde para comenzar a prepararnos espiritualmente.La noche del jueves puede convertirse en una oportunidad para detenernos, dedicar un tiempo especial al estudio de Torá y reflexionar sobre cómo hemos vivido durante la semana. ¿Qué podemos mejorar? ¿Qué compromiso podemos asumir para acercarnos un poco más a Hashem? No todos podemos permanecer despiertos estudiando hasta el amanecer. Pero sí podemos proponernos dedicar un tiempo adicional a la Torá, cada uno según sus posibilidades.

Porque prepararnos para el Shabat no consiste únicamente en tener la casa y la mesa listas, sino también en preparar el alma para recibir su santidad.

Que tengamos el mérito de aprovechar estas horas especiales y llegar al Shabat no solo con todo preparado a nuestro alrededor, sino también con el corazón dispuesto a recibir la luz y la bendición de este día.

“SHABAT SHALOM”
Rab Abraham Aramati

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